Por: Victoria

Después de 19 horas de viaje entre buses, esperas, aviones y conexiones, nos recibió una Lima en la sintonía de siempre: nublada. Saliendo de migraciones del Aeropuerto Internacional Jorge Chávez y luego de arduas negociaciones con taxistas, encontramos al indicado que por 50 soles (USD 14 aproximadamente) nos llevó hasta el barrio limeño que elegimos para quedarnos unos días: Barranco.

El tráfico automovilístico entre el Aeropuerto y Barranco fue nuestra primera travesía. Creímos que no llegábamos a destino sin, al menos, un choque en el camino. Al parecer, las leyes del tránsito local no son muy estrictas respecto del uso de tremendos bocinazos y cruces diagonales entre distintas filas de autos.

A lo largo del trayecto, que duró aproximadamente 45 minutos, advertimos una característica (a nuestro entender) típica de muchas ciudades grandes (y no tanto) de nuestra América Latina: el contraste. Pasar de sectores en donde el color que predomina es el marrón tierra, con calles donde vuela el polvillo, personas trabajando al rayo del sol, a lugares en donde el verde de la vegetación de la costanera, de cara al mar y rodeada de grandes edificios majestuosos, tiendas y autos de alta gama se nota en apenas cuadras de distancia. Este último sector “sería” la cara visible de la pujanza económica en la que ha estado involucrado el Perú en los últimos veinte años a través de grandes inversiones inmobiliarias, mineras y de infraestructura.

Elegimos el barrio de Barranco para quedarnos ya que, si bien no está estratégicamente ubicado en lo que sería una especie de “punto medio” para ir hacia todos lados, tiene una mística especial. También, algo muy favorable: un lindo hostel y bien barato ($35 soles el cuarto compartido, unos USD 8).  El Kaminú Hostel, está ubicado en la calle Bajada de Baños, donde no llegan los automóviles y se accede solo caminando o en bicicleta, entre subes y bajas propios de un terreno con terrazas, escalinatas, puentes y subidas bien empinadas.

El barrio de Barranco, inicialmente llamado San José de Surco, se caracteriza por ser un barrio bohemio con caserones de estilo europeo, siendo hace algunas décadas el balneario elegido por la clase media – alta limeña. Por las noches tiene una gran vida nocturna con bares y restaurantes, muchos de ellos con precios accesibles. Por supuesto que el principal protagonista de una parada obligada para tomar algo es el pisco, y el ceviche, un buen acompañante.

Recorriendo el barrio nos encontramos con el famoso “Puente de los Suspiros” asociado con la cantante y compositora peruana Chabuca Granda, cuya escultura se encuentra a un costado del puente. Sea día o noche, siempre hay parejas tomándose fotos en él.

Puente de los Suspiros. Atrás, la Iglesia La Ermita en el Barrio de Barraco, Lima.

El puente conecta dos sectores del barrio, pasando por encima de la famosa Bajada de Baños. Hacia el norte, se encuentra la Iglesia La Ermita. Si bien su fachada, de un amarillo intenso, está perfectamente conservada e iluminada por las noches, no se puede ingresar. Cuando la rodeamos, nos dimos cuenta que los techos están rotos y cubiertos de grandes pájaros negros como si estuvieran custodiando.

Techo de la Iglesia La Ermita, custodiado por pájaros negros.

Caminar por Barranco es salir por un momento de la vorágine de la Gran Ciudad para recorrer pequeñas callecitas, con grandes caserones antiguos, escaleritas, subidas un poquito costosas para los que estamos acostumbrados al llano y parquecitos para parar a descansar después de tanta caminata y tomar un helado. (Atención que el helado es nuestro punto débil, por esto, en más de una ocasión, van a ver repetida la misma acción).

Terrazas de Barranco.

Sobre el final de la Bajada de Baños, llegamos al camino que nos conduce al mar. Camino que antiguamente utilizaban los pescadores del lugar. Un amplio mirador nos muestra la costa limeña. Hacia la izquierda se ve, a lo lejos, Chorrillos, que es su barrio vecino. Hacia la derecha, Miraflores, desde donde se divisan enormes edificaciones. Se puede bajar una rampa que conduce a un puente que termina en la playa. ¿El agua? Característica del Pacífico, un poco fría pero bien vale para un baño. La zona no es la más indicada por la cantidad de piedras, pero caminando unos pocos metros en dirección a Chorrillos hay playas para bañarse y hacer una parada bajo los quinchos. En nuestro caso, a Chorrillos fuimos por arriba, tomando el Metropolitano, que son a penas un par de estaciones; pero acercándose a la playa tiene unos miradores con unas vistas muy lindas.

Playa del Barrio de Chorrillos, Lima.

Otro punto de Barranco que pinta el color del barrio es donde se encuentra la Plaza Municipal. Con una hermosa glorieta al medio, los más chicos corren y otros pasan en patineta. Rodeada por la Municipalidad, la Biblioteca Municipal y la Iglesia la Santísima Cruz. Para nosotros que fuimos en enero y el calorcito de tanto andar de acá para allá “apretaba” un poco, nada como entrar a una Iglesia, sentarse en los banquitos de madera y dejar las ojotas a un costado para refrescar la planta de los pies sobre el mármol helado de damero. Esta situación, más de una vez nos costó que nos inviten amablemente a retirarnos, pero no fue éste el caso. La Iglesia la Santísima Cruz es bien sencilla: una nave central y dos laterales, el techo abovedado y su fachada estilo Neoclásico. En su interior, parece estar San Martín de Porres, conocido como el Santo Negro, aunque buscando bien, no encontramos ninguna indicación al respecto.

Atardecer en la Plaza Municipal de Barranco. Atrás, la Biblioteca Municipal.

A la vuelta de la Biblioteca Municipal sobre la Avenida Pedro de Osma, se encuentra el Museo de la Electricidad. Su ingreso es libre, asique teniendo un poco de tiempo se puede conocer este espacio que de manera participativa e interactiva nos cuenta sobre la historia de la electricidad, la ciencia y la tecnología. Continuando por la Avenida, unas cuadras más adelante, se puede visitar el Museo Pedro de Osma. El lugar debe su nombre a un filántropo que se dedicó en gran parte de su vida a guardar obras de la época del Virreinato. Dentro de esta inmensa casona se pueden encontrar todo tipo de objetos: desde pinturas y esculturas, hasta retablos y muebles, algunos de ellos procedentes de la tradición plástica andina. Detrás de los jardines de la casa, hay una galería donde se exhibe arte contemporáneo. Casi como una obsesiva obviedad nos tocó ver una muestra llamada “El Viaje”, del artista Miguel Ángel Velit.

Elegir Barranco fue un acierto, sobre todo al recorrer otros barrios; no porque cada uno de ellos no tenga su encanto y particularidad, sino porque éste es especial. Particularmente a mí me gusta mucho mirar casas, casonas, techos, escaleras, construcciones en la que se ve el paso del tiempo pero no pierden su identidad. Ahí tenía para hacerme un “panzazo” visual y sacar todas las fotos posibles para armar los collages urbanos que tanto me gustan.

 

Otro dato importante es la parada del Metropolitano, el sistema de transporte público con el que nos movilizamos hacia todos lados. Resultó ser nuestro aliado para las distancias más largas; de lo contrario, tenemos nuestro siempre desafío viajero de caminar más de 100 cuadras diarias.

Nuestra segunda etapa en la ciudad de Lima fue en otro barrio, cerca de Miraflores. Allí nos esperaba Rosa, nuestro contacto de CS. Aunque estuvimos poco con ella, ya que se encontraba trabajando, nos recibió muy bien en un pequeño departamento, pero muy cálido, que compartía con su “Roomy” (compañera de vivienda). Pasamos en su casa unos días y nos encontrábamos por las noches para cenar juntos y poder conversar. Durante el día la rutina era salir bien temprano, recorrer distintos puntos, almorzar por allí, en alguna placita (o los famosos óvalos), dormir una siesta en el pasto y seguir hasta la noche.

Miraflores es algo así como la contracara de Barranco. Es un barrio residencial y comercial y lo que podría considerarse el “foco” turístico de Lima (tiene más hostels que plazas casi). Hay unos malecones muy lindos, rodeados de parques y zonas verdes muy bien cuidadas, con vistas panorámicas de la ciudad hacia ambos lados. El mar y sus atardeceres es algo muy bonito de ver.

Miraflores: los edificios, los terraplenes y parapente.

El primer recorrido por Miraflores lo hicimos caminando desde Barranco, por la playa. El cambio es notorio, sobre todo porque llegando a Miraflores hay que andar con cuello estirado para arriba por los altos que son los edificios. A eso, hay que sumarle los altísimos acantilados que se extienden por muchos metros. Por los caminitos del malecón circulan bicis, gente en patines, trotando, caminando y por supuesto el señor que vende helados con su carrito. Imposible era no pensar en nuestra querida Rambla de Montevideo….

Al llegar al Puente Villena Rey se ve una típica postal de Miraflores: los parapentes que flotan en el aire sobre el mar y los acantilados cubiertos de verde. Cruzando el puente, está el Parque del Amor (o de los Enamorados). Ubicado en el Malecón Cisneros, su nombre se debe a que fue inaugurado un 14 de febrero (de 1993). Está bordeado por un muro ondulado con aplicaciones de mosaico que dibujan figuras y frases de distintos poetas peruanos. Al medio, una enorme escultura de dos personas besándose llamada “El Beso”, cuyo autor es el artista peruano Víctor Delfín. Vale la pena pasar un rato allí, mirando al Pacífico, tomando un buen mate o un rico helado.

Arriba, el Puente Villena Rey que conduce al Parque del Amor (abajo).

Hay otros puntos que se pueden visitar en los malecones de Miraflores como el Larcomar, un enorme (casi monstruoso) centro comercial con terrazas con vista al mar. Se pueden encontrar miles de tiendas de ropa, joyería, electrónica, un balcón gastronómico. Si bien no es lo que a nosotros nos gusta visitar, encontrarse con semejante “cosa” mientras uno viene caminando por el malecón es un dato para destacar.

Una visita muy interesante que se puede hacer en Miraflores es al sitio preincaico llamado Huaca Pucllana. Ubicado en el corazón del barrio, caminando entre altos edificios con miles de carteles y calles asfaltadas, se abre una especie de alto terraplén color tierra. Este sitio, de unas 5 hectáreas aproximadamente, lleva poco más de 30 años siendo investigado por los arqueólogos. Fue construido en su mayor parte por habitantes de la cultura Lima como un Centro Ceremonial Administrativo. El edificio mayor es una especie de pirámide trunca, construida sobre la base de rellenos de tierra y adobe. Hay, además, un conjunto de espacios de menor tamaño como rampas, pasadizos y patios. Todo este conjunto arquitectónico está acompañado de un Museo del Sitio, flora y fauna nativa, una galería artesanal y un restaurante (Sí, un restaurant), supongo que destinado en su mayor parte al turismo.

Una de las cosas más interesantes es subir a la cima. Desde allí arriba se puede ver no solo el mar, sino el contraste con los modernos y grandes edificios que la circundan. Es para recorrerlo con tiempo, sin apuros. La entrada general es módica, alrededor de $10 soles y un guía acompaña el recorrido.

En el sitio Huaca Pucllana. Atrás, edificios de la modernidad.

Miraflores tiene varios puntos para conocer. Se puede recorrer el Parque Kennedy, en donde se encuentran artistas y artesanos vendiendo sus trabajos, hay puestitos de comida, áreas de recreación llena de chicos y un dato interesante: gatos, muchos pero muchos gatos. Nos llamó la atención al ver tantos gatos juntos ya que por lo general no son animales que se muevan en manadas. Al parecer, el municipio está haciendo un arduo trabajo para promover la adopción de felinos y evitar que sigan viviendo en el parque.

Frente al Parque, se encuentra la Iglesia de la Virgen Milagrosa y, a su costado, el Palacio Municipal.

 

CENTRO HISTÓRICO

Nuestra estadía en Lima coincidió con el festejo del 480° Aniversario de la ciudad. Si bien se celebra el 18 de enero, durante todo el mes había festejos.

Conocer el Centro histórico de la antigua capital del Virreinato del Perú era algo que estábamos esperando desde que llegamos a la llamada “Ciudad de los Reyes”. Se hizo esperar, lo retrasamos un poco, pero finalmente nos tocó el día. Caminar por la callecitas que llevan a la Plaza Mayor es un esquivar de gente constantemente. Las típicas veredas coloniales, una miniatura, se colman de gente que va y viene hacia todos lados. Al final, nos encontramos con la Plaza Mayor, ahí estaba el centro fundacional de la ciudad que fue fundada en 1535 por Francisco Pizarro (y que ya venía con mucha historia atrás) y que fue una de las joyas del Virreinato de España y durante muchos años la ciudad más rica de América.

No es fácil hablar de este Centro Histórico. Nosotros lo visitamos dos días para poder recorrer cada una de esas callecitas repletas de rincones mágicos en el que la “postal” no es solo una inmensa iglesia o un imponente caserón, sino el deambular de su gente, las paradas de charla y descanso en las escalinatas de la Catedral; los turistas niponeses disparando sus cámaras hacia todos lados, los caminantes que se toman su tiempo de descanso a la sombra de esas grandes arcadas. Lo cierto es que hay mucho para ver y recorrer. Y en eso pensábamos sentados en unos de los banquitos de la Plaza Mayor, mirando la Catedral, al lado de la fuente de bronce que dicen, data del 1600.

Ingresar a la Catedral es notar la pequeñez que tiene uno dentro de semejante estructura. Con rango de “Basílica”, la Catedral cuenta con 3 naves y 2 naves más laterales. Hay muchas capillas destinadas a distintos santos, pero lo que nos resultó más llamativo fue encontrarnos con la Cripta de Francisco Pizarro sobre el costado derecho, ni bien se ingresa. Ahí está el “Gran Conquistador”, en un lugar preferencial. Cubierta su tumba de mosaicos alusivos a lo que entendieron como la “Conquista”. Su cabeza, colocada a un costado dentro de un sarcófago. Como dato curioso, dentro de la cripta, se encuentra el árbol genealógico de la familia de Pizarro, a partir de su relación con la Inca Doña Inés Huaylas Yupanqui.

Como toda demostración que la cultura occidental y cristiana hace de su poderío por aquellos tiempos, decidieron empezar con la construcción de la Catedral donde existía el adoratorio inca del Puma Inti. Pero como una burla de las civilizaciones originarias que creen en el poder de la Madre Tierra un terremoto la destruyó allá por el 1750. No tardó mucho en hacerse construir nuevamente. Hoy, alberga no solo los retos de Pizarro, sino un gigantesco Museo de Arte Religioso que exhibe pinturas, esculturas, retablos, trajes, cálices.

Por supuesto que otro de los atractivos de la Catedral son sus criptas. Pasadizos bajo tierra donde se exhiben las tumbas de arzobispos, alcaldes y familias pudientes.

Interior de la Catedral, con sus criptas y el Museo.

Al lado de la Catedral, se encuentra el Palacio Arzobispal, que se destaca por sus dos balcones de cajón tallados en madera. Su interior también alberga un Museo de Arte Religioso. Cruzando la calle, el imponente Palacio de Gobierno o “Casa de Pizarro”, sede del Poder Ejecutivo Nacional. Por una de sus callecitas laterales, bajando hacia el Río Rimac, se encuentra la Casa de la Literatura Peruana. Al adentrarnos por las calles que rodean el centro histórico se pueden ver muchos negocios de artesanías típicas peruanas desde bijú, ropa, mantas de aguayo, hasta todo tipo de souvenir con el nombre de la ciudad.

Arriba: Palacio Arzobispal. Abajo: Palacio de Gobierno.

La Iglesia y Convento de San Francisco es otro punto interesante para conocer. Se trata de un monumental conjunto arquitectónico donde pueden recorrerse las dos iglesias, el claustro, el museo y las famosas catacumbas.  Por un módico precio por la visita, un guía acompaña el recorrido y va explicando sobre cada sector. El convento es muy lindo. Tiene un patio central, alrededor del cual se distribuyen los diferentes ambientes, decorado con azulejos traídos de Sevilla. El silencio que se percibe allí dentro es total, cumpliendo la función de mantener a sus habitantes alejados del ruido y las distracciones de la ciudad. Al final, se recorren las Catacumbas. Ubicadas debajo de la Iglesia principal, se utilizaban, al igual que en la Catedral y otras iglesias, para dar cristiana sepultura a determinadas personas de la ciudad, ya que no existían los cementerios. Tiempo después, se prohibieron para evitar las epidemias y enfermedades que se propagaban. Aquí fueron enterrados alrededor de 25 mil personas, o al menos es el número que se conoce hasta ahora, ya que aún hay niveles inferiores que no han sido investigados.

Hay otras iglesias del centro histórico que pueden ser visitadas: Santo Domingo, San Pedro, San Agustín, Santa Rosa de Lima, La Merced, Las Nazarenas…

A unas cuadras de la Plaza Mayor hay un sitio al que llegamos casi sin querer, y en el que parecía, nos esperaba una visita gratuita que estaba por comenzar: el Museo del Congreso y la Inquisición. Ubicado en lo que era el Tribunal del Santo Oficio de la Inquisición se trata de un espacio que muestra de una forma muy “didáctica” (por así llamarlo) las distintas etapas por las que pasaba una persona investigada por el tribunal eclesiástico con competencia en delitos religiosos, como eran considerados en aquel momento. Comenzando por una “Sala de Audiencias” en donde se indagaba al “hereje” hasta las salas de tortura en donde te muestran, con reproducción de personas en tamaño real, las diferentes opciones y métodos de tortura hasta llegar a la muerte en donde creo que el degollado era el que mejor y más leve la pasaba.

La realidad es que el ambiente es un poco pesado, aunque desde el punto de vista visual y comunicacional está bien logrado, el impacto con el que se sale es bastante denso. Por suerte hoy podemos sorprendernos de estas actividades eclesiásticas y no tomarla como algo tan común, como sería en aquella época…

Salas de la Tortura en el Museo del Congreso y la Inquisición. Centro Histórico de Lima.

Si se quiere “romper” un poco con el clima pesado de la visita al Museo de la Inquisición, hay un paseo un tanto naif que se puede hacer: visitar el Parque de la Reserva en donde se encuentra el “Circuito Mágico del Agua”. Lo ideal es ir sobre el atardecer ya que el show de las aguas danzantes tiene el complemento de una interesante iluminación en color.

El circuito cuenta con 13 fuentes ornamentales e interactivas donde el agua, la luz, la música, las imágenes, los efectos, se combinan para formar un espectáculo que es visitado por muchas personas, en su mayoría locales. La cola de 150 metros para ingresar nos hacía pensar que algo interesante íbamos a encontrar ahí adentro. Tanto es así que en el 2009 obtuvo el Record Guinnes por ser el complejo de fuentes más alto del mundo en un parque público.

Por el sector del Parque de la Reserva se puede recorrer también el Estadio Nacional, el Parque de la Exposición, el MALI (Museo de Arte de Lima) y otros museos que están por allí, a pocas cuadras caminando desde el Centro Histórico.

Después de unos cuantos días de caminata intensa por Lima, cumpliendo con nuestro desafío de pasar las 100 cuadras diarias (lo que implica varias paradas de descanso y observación, con helado de por medio), seguimos camino al norte. Salir de la ciudad, mirar todo lo posible, cada espacio y cada lugar, me devuelve al mismo pensamiento que tuve cuando llegue: la idea de los contrastes. Como un día veíamos agua saltar para todos lados en un parque muy bien preparado, con todos nosotros alrededor mirando y festejando y ahora cuando veo la salida hacia la ruta, con más casas sobre el cerro que los que viven en todo Miraflores. Son las sensaciones que uno tiene cuando ve estos “paisajes urbanos”. Me acordé inmediatamente de la entrada a la ciudad de La Paz, de Ciudad de México, de Caracas, Medellín, Río de Janeiro….

Cerros y cerros con casas y casas y casas… Hasta que todo desaparece y se abre una ruta pequeña, con un cielo cubierto de nubes, una montaña a la derecha y un precipicio a la izquierda, que da al mar.

 

 

INFO ÚTIL

  • Alojamiento. Kaminú Hostel Backpackers. El precio es muy accesible y está muy bien ubicado. A unas pocas cuadras de la estación Boulevard del Metropolitano. Nos atendieron muy bien, es muy recomendable. Sitio web: www.kaminu.com. Couchsurfing nos funcionó muy bien, pese a que era verano y muchos estaban de vacaciones, encontramos gente dispuesta a darnos alojamiento y paseos por la ciudad.
  • Transporte. El sistema que más utilizamos para movernos por la ciudad fue el Metropolitano. Se trata de un sistema integrado de transporte público que cuenta con muchos buses que circulan por corredores exclusivos, los que los hace muy rápidos. En nuestro caso, como no teníamos tarjeta de pasajeros, en las mismas paradas le dábamos el dinero a una persona y cargaba el boleto para que pudiésemos pasar.
  • Dinero. Se puede sacar dinero de los cajeros automáticos. En varios puntos del Centro y barrios como Barranco cambiamos en la calle sin ningún problema. Tanto pesos argentinos como chilenos son aceptados.

 

 

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