En esta segunda parte de la Guía nos gustaría contarte sobre algunos barrios para visitar si estás armando tu viaje a Ciudad de México. Coyoacán, Chapultepec, Polanco (y su adosado Polanquito), Xochimilco, el predio de la UNAM, seguramente han escuchado hablar de estos espacios dentro de esta monumental ciudad. También te contaremos como llegar a Teotihuacán, un lugar al que no podes dejar de ir. Y al final, algunos Bonus Track. 

Coyoacán, un barrio con aires de pueblo

Coyoacán en lengua náhuatl (la lengua originaria) significa “lugar de los dueños de coyotes”. Fue el sitio elegido por Hernán Cortés, luego de la “conquista” de México-Tenochtitlán, para establecer el primer Ayuntamiento y su residencia de descanso. Antes de esto, parte del territorio se encontraba bajo el Lago de Texcoco. En el sector donde se desarrollaron algunas aldeas agrícolas vivían los primeros moradores. También, desde allí, se proveía de agua dulce a toda la región.

Siempre fue uno de los barrios destacados de la ciudad, hoy también lo es. Muchas de las personas que visitan el “D.F” lo hacen para conocer este mítico barrio, recorrer sus callecitas, llenas de historia y con una movida artístico-cultural muy importante. Varios personajes de la historia de la cultura de México, eligieron este barrio para pasar sus días. Más que conocida es la Casa de Frida Kahlo, pero también la de León Trotsky, el famoso político y revolucionario ruso. Diego Rivera, Dolores del Río (la actriz mexicana), Salvador Novo, hasta Octavio Paz, fueron algunos de los personajes destacados que tuvieron aquí sus residencias.

Si bien está a poca distancia del centro y por sus calles hay mucha vida no solo local sino también turística, se respira un aire distinto. Se siente que conserva el clima de épocas pasadas. Fuera del circuito turístico, los callejones y callecitas empedradas, están inmersas en una tranquilidad que parece que estás recorriendo algún pueblito del interior.

Una de las formas de “ingresar” al barrio para hacer su recorrido es por las intersecciones de las Avenida Universidad y Francisco Sosa. Muy cerquita de allí, hay dos paradas de metro. Te recomendamos bajar en Viveros/Derechos Humanos, saldrás en los famosos viveros de Coyoacán, un gran espacio verde que funciona como una especie de parque en donde constantemente hay gente haciendo deporte, caminatas, running…

Cuando llegues a la esquina que te mencionamos anteriormente, vas a ver un templo religioso muy antiguo, la Capilla de San Antonio de Padua, construida en el Siglo XVIII.

La calle Francisco Sosa, que antes se llamó Benito Juárez, es por la cual transitamos hasta llegar al centro del barrio. Se pueden encontrar varias casas destacadas, entre ellas la Fonoteca Nacional, (anteriormente la Quinta Rosalía) a la que se puede ingresar de manera gratuita y conocerla por dentro. Unas cuadras más allá, nos topamos con una Plazoleta donde está la Capilla de Santa Catarina, emblema de la época virreinal en la Ciudad. Creada por los frailes franciscanos, se dice que se creó como capilla para que sea utilizada por los indígenas, antes de bautizarlos. La plazoleta está ubicada en un espacio muy sereno, cubierta de árboles. Los banquitos de la plaza se ven ocupados por parejas jóvenes y lectores. Si continuamos por la Calle Francisco Sosa, desembocamos en Centenario, lugar donde están los arcos que se crearon para marcar el atrio de la Parroquia de San Juan Bautista, ubicada en el otro extremo de lo que hoy es el Jardín Centenario. Creada en 1552 por la orden franciscana, cambió por completo a como fue hecha originalmente.

 

El Jardín Centenario es un espacio verde muy lindo, ideal para sentarse a disfrutar de un heladero pedido en los alrededores de este lugar, donde los cafés, restaurants, bares, no escasean. Al centro de la plaza, se encuentra la escultura de los Coyotes, realizada por Gabriel Ponzanelli.

Escultura de los Coyotes, Jardín Centenario, Coyoacán.

Del otro lado de la Parroquia hay otro jardín, el Hidalgo, donde se ubica, en el centro, el Kiosco de Coyoacán, que es como una especie de glorieta donde se junta muchísima gente. Alrededor del Jardín, se encuentra la Casa Municipal (también conocida como la Casa de Cortés), la ya mencionada Parroquia y Convento San Juan Bautista y un Mercado Artesanal. Los locales comerciales que están en las calles aledañas conservan casi su fachada original, tanto en las calles Aguayo como Allende.

En la esquina de Allende y Malintzin, está la parada obligada: el Mercado de Coyoacán, uno de los más lindos y completos.

Abierto todos los días de 8 a 20 horas, es constante el trajín de gente en su interior y alrededores. Podrás encontrar lo típico de los mercados: verduras, frutas, carnes, abarrotes, ropa, souvenirs, artesanías, plantas, especias. Pero además exquisiteces para comer, desde antojitos hasta jugos y licuados, todo a un precio muy económico.

Funciona aquí desde la década del ’50, antes estaba a unas pocas cuadras de donde se encuentra ahora. El complejo abarca toda una manzana y una característica de este mercado es que en cada festividad los locales venden todo lo que se necesita para adornar y celebrar. Por ejemplo, nosotros fuimos en diciembre donde vimos todo repleto de piñatas, dulces y adornos para los arbolitos navideños. Otra fecha muy destacada es para el Día de los Muertos en noviembre, donde se pueden encontrar todo tipo de atuendos para esta celebración.

Dos cuadras más allá del mercado, sobre la Calle Allende, encontramos uno de los puntos más importantes y que destacan al barrio: la Casa Museo de Frida Kahlo

El ingreso al Museo cuenta con una entrada general de $120 pesos mexicanos. Esto te permite visitar no sólo este Museo, sino también el Anahuacalli, la Casa Estudio de Diego Rivera que está a unas cuadras de allí. Está abierto todos los días de 10 a 17.30 horas.

La Casa Azul, como se conoció a la morada de Diego y Frida, fue propiedad del padre de la artista, el fotógrafo Guillermo Kahlo. Allí vivió y murió Frida. En 1958, cuatro años después de su muerte, se creó el Museo.

Al ingreso, hay unas salas dedicadas a exhibir obras de los artistas y fotografías de sus vidas. Después, pasamos a las diferentes salas que conforman la casa. El comedor, el estudio, la habitación. La casa habla de la vida cotidiana de estos artistas. Cada uno de los objetos, sobre todo la colección de arte precolombino que tenían, los colores de las paredes, el extraordinario patio con abundante vegetación, relata y describe como pasaban sus días en esta casona.

Patio de la Casa Museo de Frida Kahlo & Diego Rivera

Es indispensable su visita, no sólo para ver algunas obras que se mantienen dentro de este espacio, sino para descubrir la historia de una artista que sufrió de una manera brutal durante casi toda su vida, no sólo físicamente, por sus múltiples accidentes que la llevaron a estar inmovilizada durante años, sino también los dolores que le causaba su relación, bastante tormentosa, con Diego Rivera.

Cerca de allí, a unas pocas cuadras, hay otra casa destacada para visitar, que es la de León Trotsky. En esa casa vivió junto a su esposa durante su exilio y también allí fue asesinado. Fueron, casualmente, Frida y Diego, quienes intervinieron ante el gobierno para solicitar su asilo político en la Ciudad de México. Se cuenta que tuvieron entre León y Frida un romance que habría sido la causante de la pelea entre éste y Diego Rivera. 

La casa fue amurallada y le colocaron vigilancia durante mucho tiempo ya que había tenido varios intentos de asesinato, hasta que, finalmente, un hombre que se hizo pasar por secretario y era un acérrimo defensor de Stalin, ganó su confianza para poder ingresar a la casa y allí, en la habitación que se conserva tal cual, lo mato.

Habitación de la Casa de León Trotsky, en la que fue asesinado.

Si volvemos al sector central donde está ubicado el Jardín Hidalgo, hay una especie de calle diagonal que se llama Higuera. Si caminamos por ella, salimos en una Plazoleta donde está la Iglesia de la Concepción, o como la conocen todos “la Conchita”. Frente a ella, hay una casona muy antigua que, según cuentan, es la casa que Cortes hizo para la Malinche; mujer que jugó un papel central en el “encuentro” entre los españoles y mexicas. Ella sirvió de interprete e intermediaria de Cortés. También fue su concubina, con quien incluso tuvo un hijo.

Plaza de la Conchita, Coyoacán.

Un poco más allá de la Conchita, está el Parque Frida Kahlo. Si continúas por la Av. Pacífico, a unas pocas cuadras te encontrarás con la Avenida Miguel Ángel de Quevedo. Por allí pasan muchísimos buses para tomar el camino de vuelta. Incluso allí puedes conectar el bus con la parada de Metro Quevedo para volver hacía el sector que estás.

*

Una sugerencia por si quieren volver otro día es que no dejen de visitar la UNAM. En nuestro caso, como dedicamos casi dos días a recorrer Coyoacán, decidimos ir a la Universidad otro día. ¡Y lo bien que hicimos! Porque es… un monstruo de grande.

La UNAM es la Universidad Nacional Autónoma de México. Cuenta con un predio extraordinario. Tiene, incluso, su propia parada de metro. Es la misma línea que tomamos para bajar en Viveros, sólo que tres paradas después.

La UNAM es una Universidad Pública y muy prestigiosa, conocida mundialmente por su gran trabajo académico. Cuenta con uno de los campus más grandes del mundo, que aloja miles de edificios: Facultades, Bibliotecas, Museos, Salas de conciertos. Un espacio escultórico muy grande y el Estadio Olímpico Universitario, la famosa cancha de los Pumas, que cuenta con capacidad para casi 70 mil personas. 

Una vez dentro de esta especie de Ciudad Universitaria, se puede recorrer caminando. Está muy bien señalizado, cada camino, cada Facultad, cada lugar destacado. Otra opción, es tomar el PumaBus, un sistema de transporte público gratuito, con varias líneas, que es utilizado por los estudiantes para moverse dentro del predio.

No se pierdan de visitar la Biblioteca Central, ubicada al lado de la Facultad de Filosofía y Letras. En este edificio están pintados los murales de Juan O ´Gorman que, no sólo los pintó, sino que también proyectó y dirigió la construcción del edificio. 

Chapultepec & Polanco

Bosque de Chapultepec

El Bosque de Chapultepec es un parque urbano que contiene más de 600 hectáreas. Está ubicado muy cerquita de los barrios de Roma y Condesa, es decir que, si te alojas por allí, puedes llegar caminando. 

La historia de este sitio, el parque más antiguo de América, se remonta a siglos atrás. Aquí llegaron los mexicas antes de fundar México-Tenochtitlán, pero fueron rápidamente expulsados por los indígenas que ocupaban este espacio.

Chapultepec, que significa “Cerro del Chapulín”, fue ocupado finalmente por los mexicas cuando tomaron el control de la ciudad y lo utilizaron como un lugar de descanso para sus gobernantes, creando en la cima del cerro un adoratorio para el Dios Tláloc.

Uno de los puntos de visita son los Baños de Moctezuma. Allí hay una especie de pileta donde se juntaba el agua de los manantiales que había en Chapultepec y que, a través de un sistema de acueducto que crearon, llevaban el agua potable para beber a Tenochtitlán. También fueron los mexicas los que sembraron muchos árboles en este espacio, de allí los famosos “ahuehuetes” (que significa “viejo del agua”), de los cuales sólo uno quedo en pie hasta hoy, más de 500 años después.

Después de la Conquista, Cortés se apropió de este lugar. En la cima del cerro, sobre el adoratorio a Tláloc, mandó a construir una Ermita; pero los Reyes decidieron que todo parque público debía pertenecer a la Corona y se lo quitaron. A partir de allí, lo utilizaban como espacio de descanso los miembros de la Corona y la aristocracia. Recién en la época del Porfiriato fue que se determinó a Chapultepec como un espacio público y fue a partir de ese momento que este Bosque, además de ser un lugar de paseo y descanso de los citadinos, se convirtió en un gran espacio cultural.

Acá se encuentran varios museos importantes como el Museo Nacional de Antropología, el Museo de Historia (que funciona en el Castillo ubicado en la cima del cerro), el Museo de Arte Moderno, el Museo Rufino Tamayo, el Museo del Caracol. Hay, además, grandes lagos con caminos internos que van conectando los distintos puntos del bosque. Fuentes, monumentos y hasta un zoológico.

El Museo de Arte Moderno contiene una colección de arte mexicano que va de los años ’20 hasta la actualidad, exhibiendo obras de artistas contemporáneos. Se puede visitar de martes a domingos de 10 a 17 horas y la entrada general es de $60 pesos mexicanos.

El Museo Rufino Tamayo se creó en los años ’80 y lleva el nombre de un destacado artista mexicano que dono su colección y gran parte de su obra personal para que se exhiba en este espacio. Se encuentra del otro lado del Paseo de la Reforma, enfrente al de Arte Moderno.

El Museo Nacional de Antropología, considerado el más importante de la ciudad, es reconocido mundialmente como uno de los mejores en su género. Es indispensable su visita, pero a ir con tiempo porque cuenta con muchas salas para recorrer.

Se encuentra abierto de martes a domingos de 9 a 19 horas y el ingreso tiene una tarifa de $70 pesos mexicanos. Recuerden que, si van los domingos, es gratuito para los locales; a nosotros nos pescaron y nos enviaron a la fila de extranjeros, pero vale la pena el pago, es simbólico, para lo extraordinaria que es la visita al Museo.

Museo Nacional de Antropología

Una vez que atravesamos el ingreso (pago, baños, guardaropa) nos encontramos con el patio principal. En el centro, una enorme columna con relieves en bronce que sostiene un techo y además funciona como fuente. Conocida popularmente como “el paraguas”, el relieve cuenta a través de sus imágenes el encuentro de dos culturas. 

El interior del Museo cuenta con nada más que… ¡25 salas! Comienza con una introducción a la antropología y pasa por todas las culturas importantes de México: Teotihuacan, Toltecas, Mexicas, las culturas de Oaxaca, de la Costa del Golfo y la Maya. También las culturas de Occidente y del Norte. En la planta alta están las salas de Etnografía y muestra la cultura material de los pueblos indígenas actuales en territorio mexicano.

El Castillo es otro de los sitios que debemos visitar dentro de Chapultepec. Allí funciona hoy el Museo Histórico Nacional. Fue propiedad del Emperador Maximiliano y su esposa Carlota y luego ocupado como casa presidencial de los presidentes, hasta que se decretó que allí funcionara el Museo Histórico. Hoy, se pueden visitar los 12 salones que recrean las habitaciones en la época en que vivieron los distintos moradores de este espacio. A través de los miles de objetos que hay se cuenta y se describe la historia del país.

El Castillo puede visitarse de martes a domingos de 9 a 17 horas. Tiene un costo el ingreso, pero nosotros, al llegar un rato antes del cierre, no nos cobraron el ingreso.

Castillo de Chapultepec

Cuando terminen su visita, podrán recorrer el resto del bosque. Pueden ir al sector de los lagos y hacer una parada de descanso y comer algo allí ya que está repleto de puestos callejeros. También hay puestos de ventas de “chucherías”, callecitas y senderos más pequeños donde pasear y evitarán así el tumulto de gente. Hay un zoológico, un jardín botánico y diversas esculturas que cuentan un poquito más de la historia de este bosque.

Si salimos por el Paseo de la Reforma y vamos hacia el lado oeste nos vamos a encontrar con otro espacio imponente, el Auditorio Nacional. Es una estructura gigante en el que funciona un centro para espectáculos, sobre todo aquellos artistas más conocidos o que están de moda y vienen aquí a hacer sus presentaciones. Tiene una explanada muy grande y varias escalinatas. Debajo de ellas, una especie de “paseo de la fama” donde están las huellas de los artistas que se han presentado allí.

Chapultepec es un lugar muy grande con mucho para ver, desde sus museos, lagos, paseos, hasta conocer todo el bosque por dentro. Es un paseo que realmente vale la pena y que es muy importante para la historia de la ciudad que fue y es actualmente.

A pasos de Chapultepec está el barrio de Polanco. Museos, galerías, embajadas, empresas y también tiendas de lujo, restaurants, centros comerciales son algunas características de este barrio que, en los últimos años, se puso de moda entre aquellos que trazan los nuevos circuitos gastronómicos. 

Muchas de las calles que conforman este barrio llevan los nombres de filósofos importantes, hombres de la ciencia y la literatura. 

Antiguamente, este barrio era una hacienda que comenzó a ser fraccionada a principios de siglo XX. Para la década del ’60 comenzó a tomar un poco del tono con el que hoy cuenta. Su población eran principalmente personas de clase media alta que buscaban salir del ruido de la ciudad, pero sin irse demasiado lejos. Una comunidad que tuvo mucha presencia, y aun hoy la sigue teniendo, es la judía. 

Es una de las zonas más cosmopolitas y modernas de la ciudad. Una prueba de ello es una de sus máximas joyitas como exponente: el Museo Soumaya que contiene la colección del multi millonario Carlos Slim. Como una opinión personal, creemos que el museo tiene mucho de publicidad y poco que valga la pena. Si bien la experiencia es personal y cada uno debe vivirla por si mismo, no estaría dentro de la lista de “recomendados”. Frente a éste, se encuentra el Jumex, que se caracteriza por exhibir arte contemporáneo.

Frente a estos dos museos se encuentra un acuario que cuenta con más de 300 especies. Nosotros nos somos muy afectos a ver animales, muchos menos peces, encerrados, por esta razón no entramos. Pero a los que les gusta conocer estos espacios, aquí tienen un lugar para hacerlo. Si continuamos caminando por allí, nos encontramos con la Avenida Horacio. Por ella, hay unos espacios muy lindos para caminar y conocer la impronta de este barrio. Está el Parque América, que nos lleva hasta la zona de Polanquito, un sector delimitado por las calles Oscar Wilde y Julio Verne con la Avenida Presidente Masaryk. Allí se encuentra el famoso “Pasaje Polanco”, uno de los primeros edificios multifuncionales que se crearon en la ciudad, intentando que esta colonia sea un reflejo del estilo estadounidense de principios del siglo pasado. Hoy, hay cantidad de sitios donde comer, además de tiendas y es muy concurrido. Al lado, está el Parque Lincoln, el primer parque que se diseñó para esta Colonia. En el medio, hay dos grandes espejos de agua, una pequeña zona de aviarios y juegos para los más chiquitos. Si tomamos la calle Julio Verne saldremos en el Paseo de la Reforma, atravesando casonas y residencias destacadas. 

Les diríamos que, si son amantes del buen comer y les gusta probar diferentes cosas, Polanco es un espacio para ello. Vale la pena, de todas formas, recorrerlo y conocer otro lugar porque esta zona, es para verla desde otro punto de vista.

Xochimilco: El reino de las trajineras

Ubicado al sur de la Ciudad de México, Xochimilco es un espacio considerado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Famoso mundialmente y super visitado por sus famosas “trajineras”, embarcaciones adornadas con flores y pintadas de colores y que llevan un nombre femenino como presentación, recorren los diferentes canales de este territorio.

En idioma náhuatl, idioma originario, Xochimilco significa “tierra de labranza” o también se traduce como “la sementera de flores”. Sus orígenes, se remontan a la época previa a la Conquista. Actualmente viven más de 14 pueblos originarios que conservan su tradición pese al avance de la urbanización. La zona norte de la delegación, que es la que suele visitarse por turistas, es la que se encuentra más integrada al resto de la ciudad, quedando la zona sur más vinculada al modo de vida de hace años atrás. 

Una de las características de Xochimilco son las “chinampas”, una antigua técnica agrícola que fue desarrollada y continuada a lo largo del tiempo por varios pueblos originarios de México. Son como una especie de islotes artificiales empleados para la siembra de flores y legumbres. Entre medio de ellas, dejaban espacios de agua, que son los canales, para transportar mediante canoas los alimentos que se iban cosechando. Desde sus inicios, hasta el día de hoy, se alimentó y se alienta la Ciudad de México, aportando todos los vegetales que se consumen en esta gran ciudad.

A principios de siglo, Xochimilco descubrió su potencial turístico e inició la construcción de sus embarcaderos, comprendiendo que esta zona tiene un gran valor ecológico, cultural e histórico.

¿Cómo llegar a Xochimilco? Bueno, la distancia estimada si salimos desde el centro es de una hora y media aproximadamente. Hay que tomar el Metro 2 línea azul que va en dirección a Tasqueña, llegar al final de este recorrido, bajar y conectar con el tren ligero hasta la parada de Terminal Xochimilco. Se puede ir en tours que te ofrecen en todos lados, pero ir y volver en transporte público no gastarás más de 20 pesos mexicanos.

Cuando lleguemos al final de recorrido en Terminal Xochimilco, a unas pocas cuadras tenemos el centro y la delegación, pero también muchos de los embarcaderos si lo que queremos es dar un paseo en las trajineras. La realidad es que el precio es bastante caro para el tipo de recorrido que te hacen, pero, hay que intentarlo, ir y al menos tomar el paseo más económico.

Cuando lleguemos al embarcadero para tomar la trajinera nos ofrecerán de todo: desde bebida y comida típica para llevar a bordo, hasta un show exclusivo de música local, pudiendo elegir entre mariachis, marimba o norteños. 

Otro lugar que puede visitarse es el Parque Ecológico de Xochimilco. Aquí dentro se encuentra la Isla de las Muñecas, un lugar de atracción por su misteriosa historia. En esta chinampa vivió durante muchos años un señor que se dedicaba a la cosecha de maíz y flores. Él comenzó a colgar muñecas de los árboles con el objetivo de ahuyentar al espíritu de una joven que se había encontrado ahogada cerca de allí y que, según su morador, lo asechaba. 

Los paseos más económicos duran alrededor de una hora, o tal vez un poco menos. Pero allí podremos ver, muy a vuelo de pájaro, estos canales e islotes en los que aún hoy vive mucha gente que se dedica a la cosecha. El color del agua, de un verde que parece de mucha suciedad y da la impresión de ser agua estancada es porque el agua que circula por aquí ya no es más agua de manantial, sino agua residual, con un tratamiento previo, pero residual al fin. El silencio que cubre a los canales más pequeños contrasta con esa especie de avenidas más grandes donde se encuentran todas las trajineras, muchas de ellas que vienen cargadas de gente festejando y con mariachis a bordo. Una postal que hay que ver. 

 

Teotihuacán: la ciudad de los dioses

El Complejo Arqueológico Teotihuacán, o como lo bautizaron los mexicas al llegar allí “donde los hombres se convertían en dioses”, fue uno de los centros urbanos más grandes del mundo antiguo que llego a contar con una población de más de 100 mil habitantes en su época de máximo apogeo. 

Ubicado a poco más de 50 kilómetros de la Ciudad de México, Teotihuacan fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1987.

Los orígenes de esta cultura son todavía objeto de investigación. Su apogeo fue durante los siglos III a VII d.C. donde llegó a ser un núcleo político, comercial, cultural, social, muy importante. A partir del Siglo VII comenzó su declive, todavía no se sabe muy bien por que; pero lo cierto es que la población que formaba parte de esta ciudad comenzó a dispersarse por otros lugares. Así fue que llegaron los mexicas y se encontraron con monumental ciudad, pero deshabitada. Se impresionaron, tanto como nos impresionamos hoy, al ver semejante estructura. 

¿Cómo llegar?

Si estás en el Centro de la Ciudad de México, podes tomar el metro (Indios Verdes – Universidad) que te lleva a la Terminal Central de Autobuses del Norte. Una vez allí, hay que ir a la empresa de venta de pasajes a San Juan Teotihuacan. La empresa es Autobuses Teotihuacán, salen cada diez/quince minutos y te dejan en el ingreso de la Zona Arqueológica. El tiempo que se tarda usualmente es de una hora, pero en nuestro caso tardamos un poco más ya que salir de la ciudad y el embotellamiento propio de una ciudad tan grande y con tanta población, hace que tengas que tener en cuenta estos imprevistos.

La Zona Arqueológica: el recorrido.

Un tip para cuando bajen del bus en la parada del ingreso a la Zona Arqueológica: se van a acercar taxistas y te van a decir que tenes que contratar su servicio porque si no tendrás mucho tiempo caminando hasta llegar al “ingreso principal” de Teotihuacán. ¡Mentira! No cometan el error nuestro que, como veníamos con atraso y además el sol pegaba bien fuerte, nos subimos. No sólo que el recorrido bien se puede hacer caminando, sino que también se puede ingresar por la zona “de atrás”. 

Y allí empezamos el recorrido, en medio de una zona despoblada, donde lo que se destacan son las construcciones de esta antigua cultura, la naturaleza y el silencio en el aire.

Hay tres puertas de acceso, la que está en el mismo sitio donde te deja el bus es la Puerta 1. Allí hay un pequeño espacio de administración, baños, un espacio para comprar algo para comer o tomar y un pequeño espacio educativo. Allí mismo buscamos la Calzada de los Muertos, calle principal de todo este complejo, por la que va a trazarse todo el recorrido y a lo largo de la cual van a levantarse todos los monumentos importantes.

El primer complejo es la Ciudadela, nombre puesto por los españoles. Es un espacio grande, rodeado de plataformas que se cree fueron adoratorios y un lugar muy importante para el gobierno de la sociedad teotihuacana. A un lado, el Templo de Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada. Años después de ser construido, no se sabe porque razón, fue tapado y se destruyeron algunos de sus costados. En lo que quedó en pie se pueden ver las cabezas de serpiente que sobresalen y unas especies de guardas con formas de serpientes ondulantes. 

Si continuamos caminando por la Calzada principal nos encontramos con Conjuntos de diversos edificios, hasta llegar a la Pirámide del Sol, que se destaca por su monumentalidad. Este nombre fue puesto por los mexicas, pero se cree que no estaba destinado a esta deidad, sino al agua. Tiene una altura de más de 60 metros y puede subirse, lo cual es recomendable. 

Llegando al otro extremo del recorrido se puede ver la Pirámide de la Luna, de un tamaño más pequeño la anterior, pero igual de importante. Su construcción se cree que fue realizada en diversas etapas y que, inicialmente, estaba destinada a la diosa de las aguas terrenales y la fertilidad. Frente a la pirámide, una plaza con un adoratorio central y una serie de edificios que se cree eran las habitaciones de los sacerdotes. Es desde allí, donde comienza (o termina, según el recorrido que hagan) la Calzada de los Muertos.

A un lado de la Plaza de la Luna, está el Palacio de Quetzalpapalotl. Allí, se cree que vivían personas que pertenecían a la elite de esta sociedad. Aposentos muy amplios con mucha pintura mural en su interior, relieves de aves en columnas (lechuzas y Quetzales) y, algo que no podemos ver nosotros hoy, pero si había en aquella época, todo pintado de color. También se puede visitar el Patio de los Jaguares, donde justamente se ven murales con imágenes de este animal. 

Recorrer este lugar es transportarnos a otro tiempo, en donde podemos observar como cada una de las edificaciones, adoratorios, piezas que para nosotros “decoran” y para estos habitantes seguramente cumplían una función ritual y religiosa muy importante; está planificado y estipulado previamente. Una ciudad cosmopolita, con todos los servicios con los que cuentan las ciudades hoy, con el trazado de drenajes y red hidráulica, todo de lo más sofisticado. Una ciudad modelo para muchas de las que se construyeron posteriormente. 

 

BONUS TRACK: ESTADIO AZTECA

Tomemos como punto de salida el Zócalo. Allí, podemos tomar el metro, la estación M2 (color azul) hasta Estación Tasqueña, ultima parada del recorrido. Nos bajamos y cambiamos al Tren Ligero, en donde tendremos que pasar unas 9 estaciones más y bajar, finalmente, en Estadio Azteca. Cruzando la calle, está el ingreso al Coloso, por la calle Calzada de Tlalpan.

La entrada tiene un valor de 105 pesos mexicanos, el acceso es por Puerta 2. Con el pago de la entrada se incluye la visita guiada; la única forma de ingresar es a través de este sistema. La guiada es muy completa: ingresamos por el pasillo 8, vistamos el túnel maratón, placas, la sala de prensa, los vestuarios y finalmente la cancha.

Estadio Azteca

El Estadio Azteca es todo un símbolo para el deporte mundial. Es el tercero más grande de América y tiene capacidad para 87.000 espectadores. En ésta sede se han jugado muchos torneos, dos de las más destacadas son la Copa del Mundo de 1970 en la que se consagró Pele como figura del fútbol y la de 1986, épica para Argentina y Maradona.

La visita bien vale la pena, pese a que no seas fanático o un entendido del fútbol, pero atravesar el túnel con toda la historia de este deporte, con imágenes de partidos que pasaron a la historia y anécdotas como la de los goles de Maradona a los ingleses, bien valen su visita. Desde ya que ingresar a la cancha es entender por que, Andrés Calamaro, cuando hizo su canción “Estadio Azteca” dice: “Me aplastó ver al Gigante”: Por que es eso, un Coloso, un Monumental, un Gigante lleno de historia. No sólo del fútbol, sino de su construcción, de misterios que han ocurrido allí. Dense una vuelta por ahi, no se van a arrepentir, y si son muy fanáticos del fútbol, acá Andrés les cuenta su experiencia.

 

BONUS TRACK 2: MERCADOS

La Ciudad de México bien podría ser considerada un “Gran Bazar”, una especie de Gran Mercado al Aire Libre. Se vive ese espíritu en sus calles, en sus barrios. Hay tantos mercados como barrios para visitar. Los hay de todo tipo, más grandes más chicos, más populosos, más pequeños o modestos, pero siempre, en todos ellos, van a encontrar mucha gente circulando por su interior, muy buenas ofertas gastronómicas con lo típico de la comida mexicana a precios muy accesibles y variedades que van desde ropa y accesorios, hasta frutas, verduras, especias, objetos para decorar, flores, souvenirs…

Mercado de San Camilito, Plaza Garibaldi.

Algunos de los más destacados y que nosotros pudimos visitar son:

* Mercado de San Juan, La Ciudadela, Abelardo Rodríguez, Mercado de Antigüedades la Lagunilla, Mercado de San Camilito (Plaza Garibaldi). Todos ellos en el Centro Histórico o ubicados muy cerca de allí.

* Mercado de Coyoacán, en el barrio homónimo. 

* Mercado Insurgentes (Cerca de la Roma), Mercado Roma (la Roma) Mercado, Medellín (Roma), Bazar del Oro (callejón cerca de Cibeles), Mercado de Sonora (Colonia Merced).

Una opción por la que pueden optar es trazar en un mapa todos los Mercados que aparezcan (ojo que hay muchos que no están y son igual de interesantes para visitar) pero pueden, también, preguntarle a locales para que les recomienden, como en nuestro caso hizo Eva, nuestra anfitriona. Una vez que los tengan marcados pueden trazar un circuito, para poder visitarlos. Muchos están cercas y los que estén en barrios más alejados, ya saben: metro o metro bus seguro los dejan cerca.

Como les mencionaba anteriormente, en el Centro Histórico hay varios para conocer. Entre ellos, el famoso Mercado de San Juan, uno de los más renombrados, antiguo y tradicional de la ciudad. Se ubica en la calle Ernesto Pugibet, entre José María Marroquí y Luis Moya, a cuatro cuadras del Eje Central Lázaro Cárdenas y de la estación San Juan de Letrán, de la línea 8 del metro.

Está compuesto por tres naves y tiene alrededor de 900 puestos de venta. En lo referido a la gastronomía, podemos encontrar carnes, aves, mariscos, comida prehispánica e internacional. También frutas y verduras y luego lo típico de ropa, artesanías, platería, papel picado, máscaras, trajes regionales, instrumentos musicales, adornos, cristalería y un sin fin de productos. 

Cerquita de allí está el Mercado Abelardo Rodríguez. Construido en 1934, su característica más distintiva son los aproximadamente 1500 metros cuadrados de espacio, entre paredes y techo, cubiertos con murales pintados por discípulos de Diego Rivera.

Mercado Abelardo Rodríguez.

El Mercado de Coyoacán, uno de los más lindos de la ciudad a nuestro gusto, está ubicado en pleno barrio de Coyoacán, famoso por su colorido y tradición. Además de encontrar lo típico de todos los mercados, ofrece ricos antojitos, burritos, jugos y licuados; artesanías, disfraces, ropa típica, ropa de moda, juguetes tradicionales, plantas, regalos.

Una característica de este mercado es que en cada festividad, los locales venden todo lo necesario para adornar, cocinar y celebrar en dicha fiesta. Nosotros fuimos en diciembre, y encontramos muchos puestos que vendían dulces y piñatas para las fiestas navideñas. A principios de noviembre flores y disfraces para el día de muertos, en septiembre sombreros, banderas y todo lo necesario para preparar las fiestas patrias.

Mercado de Coyoacán.

 

La opción de visitar los mercados es casi un imprescindible en esta ciudad, no solo si querés comprar un souvenir para llevar, sino para hacer una parada y comer algo típico, tomar unos ricos jugos y para conocer estas inmensas estructuras arquitectónicas que contienen la historia del país, las regiones y la ciudad.

 

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *