No estamos soñando, es verdad, el talento se hizo realidad.

Frase de Ernesto Díaz Correa, Relator radio Cooperativa.

Chile campeón de América, ganándole la final a la Argentina en una definición por penales; y el penal decisivo el jugador chileno la pica y sale despavorido sin camiseta y  celebrando en el estadio Nacional de Santiago, dándonos una alegría que se nos había negado por casi 100 años. Debiese ser un sueño que todo habitante de Chile, futbolero o no, había soñado. Pero era sólo un sueño, algo que era muy difícil que pasara.

Durante 100 años, veíamos como nuestros vecinos celebraban triunfos en Copas América y Mundiales, pero para nosotros sólo había triunfos morales en donde llegamos a acuñar la frase “Jugamos como nunca, pero perdimos como siempre”. A pesar de contar con buenas generaciones de futbolistas, a lo largo de la historia y de disputar 4 finales de copa América, jamás habíamos podido celebrar un campeonato. Argentina, Uruguay y Paraguay nos habían arrebatado esa posibilidad. Donde la postal era siempre igual, ellos celebrando y dando la vuelta olímpica mientras nosotros éramos espectadores privilegiados de esa celebración.

Pero como todo, siempre hay una primera vez. Chile logró salir campeón de la copa América del año 2015 en la cual era local. Y en la final venció a la Argentina, el actual vice campeón mundial y que cuenta con una generación de futbolistas extraordinarios y con el plus del mejor jugador del mundo de los últimos años – Lionel Messi -. Argentina siempre ha sido nuestro rival más complicado, al que sólo le habíamos podido ganar 1 vez en partidos oficiales (eliminatorias 2010) y a los cuales nunca les habíamos parecido un obstáculo futbolístico. A pesar de ser países vecinos y compartir unas de las fronteras más largas del mundo, siempre pareció que la cordillera de los Andes dejó a todos los buenos futbolistas de sus pagos. Por lo que sus rivales a vencer eran Brasil y Uruguay nosotros éramos un obstáculo al que superaban constantemente.

El destino que siempre nos depara un transitar impredecible, me llevo a que el triunfo más importante de la selección chilena seguirlo íntegramente en el extranjero, para ser preciso en Argentina, mi país de adopción. Acá comencé una nueva vida, tengo una familia que me aceptó de la mejor manera, he conocido muy buenos amigos y logré entender un poco su idiosincrasia. Esa forma tan particular de vivir, van de 0 a 100 km/hr en un segundo, viven al límite y es así como se destruyen y se recuperan con la misma velocidad. Todo eso lo plasman en el fútbol, la música, el arte y literatura, donde sacan las mejores calificaciones en el mundo y de las cuales, yo soy un gran fanático.

A medida que transcurría el torneo, Chile avanzaba de rondas y se acercaba a la final; me llenaba de las mismas preguntas de siempre ¿Podrá esta generación ganar la copa? ¿Cuál será el infortunio que nos hará perder el torneo? ¿Los rivales son mejores que nosotros?, y una larga lista improductiva que me haría predecir el futuro.

Pero está generación, que se empezó a forjar en el año 2007 de la mano del gran Marcelo Bielsa demostró ser distinta. Marcelo Bielsa creó los cimientos de estos futbolistas y los llevo, a través de trabajo metódico y esfuerzo, a saber que los resultados se podían conseguir jugando al fútbol, y no pegando patadas, haciendo chanchullos diligénciales, culpando a los árbitros, la cancha o los rivales. El esfuerzo y trabajo duro era el arma que se debía utilizar para conseguir cualquier logro. Como todo gran arquitecto e ideador de grandes hazañas él no pudo celebrar el triunfo de sus pupilos, esto debido a pésimos manejos diligénciales que lo llevaron a renunciar.

Cuando a la final llegaron Chile con Argentina, pensé inmediatamente que nuestras posibilidades de ganar estaban complicadas, a pesar de que nuestro nivel había sido bueno, el equipo trasandino había realizado una excelente copa y tenía una revancha del mundial, donde había perdido la final contra Alemania. A pesar de no tener la misma preponderancia un torneo con otro, siempre es bueno celebrar un título y más en una cancha donde habían sido campeón en el año 1954 (ganando la final a Chile) y en 1991 (ganando el cuadrangular final).

La final fue muy apretada, de bastante pierna fuerte y conatos constantes. Las ocasiones de gol fueron repartidas y cualquier error podía ocasionar la derrota. Yo seguía el partido en casa, junto a Victoria, sin tanta pompa.

A medida que avanzaban los minutos, nadie convertía. Hasta que, en el último minuto del partido casi volvemos de golpe a nuestros triunfos morales; gran jugada de Messi, elude a un par de jugadores y toca para Lavezzi, el cual centra para Higuain que se pierde el gol a un metro del arco y sin nadie que lo marcara. Ahí cuando nos salvamos en forma increíble de perder, pensé que ese era el día que podríamos ganar.

Higuain, Bravo, Beausejour.

Los 30 minutos del alargue fue de alta tensión, yo daba más vueltas que una calesita, un nuevo término adoptado acá en Argentina, y enviaba mis energías positivas a los jugadores, algo que es absolutamente improductivo. Al comenzar los penales, se me acabo la cerveza, por lo que el desenlace y futura celebración o derrota no estaría acompañada de ninguna gota de alcohol. Los pateadores chilenos estuvieron espectaculares, al igual que el arquero Bravo al atajar el tercer penal. Pero llegaba el momento decisivo, Alexis Sánchez el niño venido de Tocopilla, uno de los sectores más pobres y abandonados del país, tenía en sus pies la responsabilidad de dar el primer título a Chile. Hizo lo que siempre comulga, jugar al fútbol por diversión, y como si estuviera en las canchas de tierra de Tocopilla jugando con sus amigos pica la pelota y nos entrega la primera copa América. Esa esperada por más de 100 años y la que muchos no pudieron ver ni celebrar.

 

Mi celebración fue medida, no hubo gritos ni cánticos desaforados, capaz empatizando con mis amigos que estaban afuera y les había tocado perder en esta ocasión. Si algo hemos aprendido, es de derrotas y la mayor entereza se demuestra en esos momentos. Para nosotros el título significaba más que la derrota para ellos.

Ese día fuimos campeones de América jugando de local, pero a mí me toco celebrar de visita, una gran ironía.

A veces perder es ganar y no encontrar lo que se busca es encontrarse” 
Alejandro Jodorosky, coterráneo de Alexis Sánchez.

 

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